Naturalmente Mujer: La historia que Alice Guy Blaché Habría Querido Filmar by Marcela Citterio & Carolina Parmo
1896. Siglo XX. Alice Guy se convertía en la primera directora de cine en la historia. Había logrado demasiado para su época. Pero quería lograr lo que nadie había podido: que el mundo sepa que había sido ella, no alguien más, con su talento, fuerza, pasión y determinación… siendo naturalmente mujer.
 
2024. Nueva Jersey, Estados Unidos. Frente a la ventana de la habitación principal de la planta alta, esa que parece invitar a la copa del árbol frondoso en la vereda a ser parte de la familia, Julia, de ochenta y tantos años, sostiene una caja entre sus manos como si fuese un tesoro, mientras que su nieta Emily la escucha atentamente a sus espaldas:
 
 
— ¿Sabes quién fue Alice Guy Blaché?
 
— No, abuela…
 
— Yo sí. Y tú eres abogada. Y es hora de hacer justicia.
 
 
Esa noche, en su despacho, la joven doctora en leyes revisa el material que le entregara su abuela como una reliquia. Observa con curiosidad, entre algunos manuscritos firmados por Alice Blaché, la mujer misteriosa de la que oyó hablar más temprano, algunas cintas grabadas en 1965, en 70 mm en blanco y negro.
Ansiosa por la intriga que le generó su abuela, y sabiendo que cuenta con un contacto en el museo para poder reproducirlas, al otro día, se dispone a ver la que indica es la número 1 en el orden de reproducción debido. En ella, su abuela más joven y otra mujer bella y del mismo carácter pícaro y animado pero de entrada edad, brindan con alcohol y se dirigen a cámara:
 
 
Soy Alice Blaché. Y ella es mi amiga, la periodista Julia Stuart. Y ambas tenemos un pacto: esta cinta debe abrirse en el siglo que viene… el siglo XXI, cuando las generaciones que nos sucedan estén listas para darle a la mujer el lugar que se merece…
 
Y vuelven a brindar.
 
 
— Cuando podamos ser visibles… como las películas de mi querida Alice: la primera directora de cine del mundo… — agrega la periodista.
 
 
Narrada en primera persona y como si fuera recreando el relato de su protagonista, Alice da cuenta de su vida desde los inicios hasta antes de su fin, en donde graba estos “off the record” sin que nadie lo sepa, pero a sabiendas de que sus colegas varones buscarían borrarla, y entrega muchísimos otros a Julia, que se creen perdidos de su trabajo, luego de una nota periodística formal que le otorga a su amiga para el medio en el cual se desempeña.
 
 
Allí consta la verdad sobre su carrera, esa que, en medio de un mundo liderado por hombres, quisieron hacer desaparecer por el simple hecho de que Madame Blaché logró mucho antes lo que ellos no pudieron, convirtiéndose además, en una mujer exitosa.
 
 
Al relato, lo acompañarán cintas inéditas que dan cuenta de su presencia en los sets de filmación y permiten testimoniar que lo que sostiene es absolutamente cierto. Material que jamás entregó a nadie a lo largo de sus más de noventa años, salvo a su entrañable amiga Julia antes de su deceso.
 
 
Criada en conventos de monjas, con hermanos amados, pero siendo cuestionada como hija extramatrimonial, termina viviendo su infancia junto a su abuela en Francia, su país natal, pero tiempo más tarde, a pesar del reclamo por volver a estar juntas de su madre, y enamorada de un hombre sesenta años mayor que no la correspondió en sus sentimientos, seguirá su consejo y se convertirá en mecanógrafa, siendo esta profesión la que le abra las puertas a la secretaría de la empresa Gaumont y la incipiente industria del cine.
 
 
Inspirada, tras observar la filmación de los obreros saliendo de la fábrica de los hermanos Lúmiere, descubre que quiere ser quien dirija este tipo de materiales pero con una característica única, inédita y particular: contar historias. Fundarse como la pionera, como la “madre del cine narrativo”.
No se detendrá. Desde “El hada de los repollos”, su primer trabajo como directora de cine, en adelante, forjará una industria que es imperio al día de hoy.
 
En el medio, el desprecio solapado de sus pares que fue in crescendo, el amor, la familia, las infidelidades y la dicotomía entre la profesión y los hijos marcarán el rumbo de su vida. Sin embargo, hay una guerra que sostendrá Alice en el tiempo, y por la cual se dispondrá a luchar mucho antes de que las mujeres actuales comenzaran a reclamar su lugar en este mundo: que no la hagan desaparecer.
 
 
Porque “ser natural”, como ella sostenía, es todo lo contrario a ser falso. Y ella es real, tan real como las imágenes que dirigió para que el mundo la pueda ver.


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